Mi súper héroe no tiene capa

10 Oct 2019
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“De la misma manera que no se puede servir a dos amos a la vez, no se puede amar cosas tan diferentes y sentir por las dos simpatías”. -Vincent Willem van Gogh.-

Friedrich Nietzsche, sin dudas, uno de los filósofos más controversiales del siglo XIX, y, de los que más admiro. Plantea en su libro aforístico, Así habló Zaratustra, que la grandeza de un hombre está en ser un puente y no una meta. Con ello, el egocéntrico intelectual, confirma lo que se refleja en el accionar público y privado de un hombre campechano que aprendió a ver la vida en función de un interés colectivo.

Despojado sin prejuicios de las trivialidades que ahogan al hombre común. Hipólito Mejía, ha sabido jugar a la interpretación de los hechos cuando circunstancias les desfavorecen. Manteniendo la cordura en los momentos más críticos de su existencia, preservando esa codificación genética que lo diferencia de sus homólogos, acostumbrados a mentir olímpicamente cuando el destino los aparta abruptamente de sus deseos.

El guapo de Gurabo es el único en su especie, que no ha sido sobornado con canonjías ni lisonjas, y que, no ha puesto condición para trillar el camino de la unidad interna, como otros. Ha despreciado categóricamente, ser cómplice del saqueo al erario como pago a su integración. Siempre, aun cuando los algoritmos de Roberto Rosario y el dispendio de Leonel Fernández les arrebataron unas elecciones, prefirió sacrificarse y no hacer de la trampa un mar de sangre inocente.

Mi héroe, no es de otra galaxia, ni es producto de un experimento fallido de laboratorio, pero, como diría Silvio Rodríguez, afortunadamente “no es un hombre común”. Viene de orígenes campesinos, vinculado desde su infancia al cultivo de su inseparable amor: la tierra, de donde aprendió a vivir el sufrimiento de los depauperados, y comprender de esa noble experiencia, que no se puede transitar esta vida tan corta e imprecisa, siendo indiferentes a las penurias de sus conciudadanos.

Leal como ningún otro, tanto que fue capaz de cumplir los deseos de su hermano de vida José Francisco Peña Gómez aún después de su partida. Ese es Hipólito, siempre comprometido con la palabra empeñada, justo y equilibrado. Defensor de sus amigos y apegado con firmeza a sus ideas, las que defiende contra viento y marea. Hombre de familia, dispuesto a dar lo mejor de sí en beneficio de los suyos y los demás.

Práctico, noble, cariñoso, honesto, desinteresado y entregado. Admirado y amado por todo el que tiene la dicha de conocerle, y a veces, como es de esperarse, calumniado inmisericordemente por unos detractores que no le perdonan haber tenido, sin buscarla, la dicha por la que miles de mortales matarían.

En ese ser, de condiciones excepcionales deposité mi confianza, y aposté, como muchos al Estado de bienestar a partir de un gobierno suyo, pensado en los más humildes y el rescate de las instituciones. En una transición moderada que siente las bases del desarrollo y lleve a los marginados por este gobierno: salud, educación de calidad, que les proporcione acceso a la vivienda y se empleen con seriedad fórmulas para adecentar la justicia y recuperar la seguridad ciudadana.

Mi super héroe, pertenece al linaje de hombres ya desaparecidos, es un político que va contra las reglas de la política. Es cercano, atento y revestido de una humildad sin parangón. “Su misma imagen” citando a Mijaíl Gorbachov, “es un ejemplo imperecedero de fuerza moral, una cultura espiritual versátil y una generosa devoción a la causa del pueblo”. Esas son y serán las razones que me mantendrán siempre firme, al lado de Hipólito Mejía, el héroe que se despoja de su capa para salvar los intereses de su partido, de su pueblo y ser fiel garante de la democracia.

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Periódico Digital, Desde Santo Domingo, República Dominicana

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